
Cada vez es más común que los bebés usen un móvil. Muchos padres facilitan regularmente dispositivos como smartphones y tablets a los niños pequeños para que se entretengan viendo vídeos infantiles y contenido similar. Pero, ¿hasta qué punto es esto saludable?

Estamos en un punto donde las llamadas nuevas tecnologías (aunque de novedosas ya no tienen nada) han arrasado con todo. Antes, hacer una clase por videoconferencia era algo extraño y que prácticamente no se hacía, aunque sí existía la tecnología. Cada vez más, saber sacar partido a estas tecnologías es fundamental a nivel académico, laboral e incluso social. Pero, ¿a qué edad es más recomendable que las personas empiecen a familiarizarse con esta realidad? La Organización Mundial de la Salud lo tiene claro: antes de los dos años ni una pantalla.
En un informe publicado por este organismo, afirman que por debajo de los dos años, mejor no usar ordenadores, móviles, tablets e incluso televisión. Es una directriz bastante directa y que parece difícil de cumplir, puesto que el bebé está expuesto desde que nace prácticamente a todo tipo de dispositivos. Todos tenemos móvil, televisión en casa (o más de una), tablets, ordenadores, etc. Antes de llegar a casa por primera vez ya ha estado rodeado de tecnología.
A partir de los tres años la OMS no recomienda más de una hora de exposición a pantallas al día. A partir de aquí puede ser un buen momento para que empiecen a familiarizarse poco a poco con la tecnología. Existen muchas apps educativas para niños pequeños que pueden usarse para ayudar en la educación. Las hay de muchos tipos, incluso para aprender idiomas.
Muchos padres usan el móvil para que sus hijos se entretengan sin ser demasiado conscientes de en qué puede afectarles. Pero hay que tener cuidado: el móvil no debería ser una niñera para que nos dejen descansar tranquilos un rato. Cuando le damos el móvil para que se tranquilice, para que se duerma, o para calmar un berrinche estamos evitando que el bebé se de cuenta de lo que sucede e interferimos en su aprendizaje. En vez de colaborar en su aprendizaje, estamos evitando conductas que se pueden convertir en el futuro en malos hábitos difíciles de corregir.

Los mismos adultos estamos tan pendientes de estas tecnologías que no nos damos cuenta de en qué nos afecta a nosotros mismos. Los españoles pasamos de media unas 60 horas a la semana usando el móvil. En niños expuestos desde tan pequeños a una pantalla también puede generar adicción y le resta tiempo de otras actividades. Si desde pequeño sus juegos principal son en un móvil, ve dibujos animados ahí y a medida que va creciendo se relaciona cada vez más a través de estos dispositivos pueden desarrollar un problema serio.
El tiempo que un niño está entretenido mirando la pantalla del móvil es un tiempo que está perdiendo en hacer cosas de niños. Si su principal distracción son los juegos de smartphone o los canales de dibujos de YouTube, mostrará menos interés en juegos tradicionales fuera del mundo digital. Estas conductas, a la larga, pueden llevar a medio y largo plazo problemas físicos evidentes como el sedentarismo y la obesidad infantil. También puede derivar en problemas para relacionarse socialmente.

Los niños imitan todo lo que ven. Si nosotros mismos nos mostramos ante ellos varias horas al día usando el móvil o la tablet, muy difícilmente les vamos a convencer de que abusar de ellos es negativo. Si estamos todo el día pendientes de las notificaciones delante de ellos nos verán todo el día delante del móvil. La clave es hacer un uso responsable de las tecnologías, especialmente cuando se trata de niños, y más aun en los primeros años de vida. Para evitar sorpresas indeseables, los niños tienen que aprender que un uso irresponsable conlleva riesgos y problemas que se pueden evitar en muchos casos. Los padres deben hacer un esfuerzo para que los bebés y los niños vayan familiarizándose con las tecnologías de un modo paulatino, pero también tienen el deber de enseñarles que hay que hacer un uso responsable de ellas. Y cuanto antes lo hagan, mejor.